jueves, 31 de agosto de 2017

Ius osculi

[ El derecho al beso ]



Sabemos que a Plutarco le llamó la atención el hecho de que en Roma sólo acostumbraran a besar las mujeres, aunque restringiendo la costumbre al ámbito familiar. Y cuatro son las explicaciones que de ello propone.

i) El beso se había impuesto para descubrir si las mujeres habían bebido vino, cuyo consumo tenían prohibido. El propio Plutarco remonta esta prohibición a los tiempos de Numa. En el paralelismo que establece entre Licurgo y Numa, 3, podemos leer:

«Si bien Numa mantuvo para las casadas todo el respeto y honor con que fueron reconocidas en tiempos de Rómulo con motivo de su rapto (Q.R., 85), les impuso, no obstante, la exigencia de un pudor exquisito; les vedó el ser bulliciosas, las enseñó a ser sobrias y acostumbró-las al silencio; de manera que no probaban absolutamente ni una gota de vino, y en ausencia de sus maridos no hablaban más que lo necesario».


Dionisio de Halicarnaso (Antigüedades Romanas, 2, 25, 6) en cambio, atribuye la prohibición al propio Rómulo, aportando datos muy interesantes. En efecto, si una mujer cometía algún delito, el perjudicado era quien debía actuar como juez e imponer el castigo. Solamente el delito era juzgado por la propia familia: en el caso de adulterio y cuando se descubría que había bebido vino. Y fue el propio Rómulo quien permitió castigar ambas faltas con la muerte.

¿Tan grave se consideraba que la mujer probase el vino? Según Dionisio de Halicarnaso, entre los griegos ello se consideraría apenas una falta mínima; pero Rómulo opinaba que, si el adulterio era el principio de una locura temeraria, el vino, a su vez, era el inductor del adulterio. Por eso, durante mucho tiempo se mantuvo en Roma el más inflexible castigo.


Idéntica es la opinión de Valerio Máximo (2, 1, 5): «Vini usus olim romanis feminis ignotus fuit, nec scilicet in aliquod dedecus prolaberentur, quia proximus a libero patre intemperantiae gradus ad inconcessam venerem ese consueverit».

No sin motivo se empleó con frecuencia el juego fónico «vinus-venus».

«El uso inmoderado del vino cierra la puerta a todas las virtudes y abre la de todos los vicios», nos dice Valerio Máximo (6,3,9) comentando el castigo ejemplar impuesto por Egnatio Meceno a su esposa bebedora, castigo que, junto con otros, menciona también Plinio (Naturalis Historia., 14, 1): Egnatio Mecceno, al sorprender a su mujer bebiendo de un barril («non licebat vinum feminis Romae bibere»), la mató a latigazos, «eumque caedis a Romulo absolutum».


En los «Anales» de Fabio Pictor leyó Plinio que una matrona fue condenada a morir de hambre porque había abierto un cofrecillo en el que estaban las llaves de la bodega. Y sus propios familiares fueron sus jueces: «a suis inedia mori coactam». Y añade: «por eso dice Catón que se besa a las mujeres: para saber si huelen a vino».

Cuenta, finalmente, que el juez cn. Domicio estableció que a toda mujer a la que se descubriera bebiendo más vino que el que beneficia a su salud, y sin saberlo el marido, se le impusiera una multa equivalente a la dote que aportó.

También Aulo Gelio (10, 23), se hace eco de la abstinencia forzosa de las mujeres y de que «institutum ut cognatis osculum ferrent deprehendendi causa ut odor iudicium facere si bibisset».

La idea se vuelve a encontrar en Tertuliano (Apologeticus, 6) quien alude también al caso de Meceno.

Aulo Gelio recoge, una vez más, el criterio –cuyo paladín prefigura en Marco Catón- de considerar delitos máximos, todos ellos en la misma línea, la infamia, el adulterio y el consumo del vino, siempre que las tres cosas las hicieran las mujeres: «vir, cum mulier divortium fecit, mulieri iudez pro censore est, imperium quod videtur, habet; si quid perverse taetreque factum est a muliere, multitur; si vinum bibit, si cum alieno viro probi quid fecit,condempnatur». (pp. 127-129)


ii) La segunda explicación, muy simplista, busca una base legendaria cuya autoridad atribuye Plutarco a Aristóteles, posiblemente en sus «Instituta Barbarica». No obstante, Plutarco afirma que el relato se halla también en otros autores.

Al abordar el mismo tema, Dionisio de Halicarnaso (Antigüedades Romanas, 1) recoge diferentes opiniones contrastadas de distintos griegos: Cefalón de Gergis, Helánico de Lesbos, Damnates de Sigeo, Calias, etc, aunque se detiene especialmente en el relato de Aristóteles, el filósofo.

A él vuelve a referirse, sin nombrarlo, en «Moralia» 243 E (= «Mulierum virtutes 1, Troianae) y «Romulo» 1:

Los troyanos han llegado a las costas italianas, en el mar Tirreno, asentándose a orillas del Tíber con el propósito de pasar el invierno. Cansadas de vagar por los mares, las mujeres, encabezadas por una de ellas, llamada Roma, incendian las naves. Asustadas de su intrepidez, salen al encuentro de sus maridos, que acudían presurosos a apagar el fuego, y tratan de aplacarlos con besos y abrazos. Los troyanos, carentes de naves, se ven forzados a asentarse en el palatino. No tardan en darse cuenta de que les va mejor de lo que esperaban y de que los nativos son benévolos con ellos. En reconocimiento de ello dan al poblado que han levantado el nombre de Roma. Y concluye diciendo en «Rómulo» 1: «dicen que de entonces viene la práctica, aún vigente, de que las mujeres saluden con un beso a sus familiares y a sus propios maridos, porque así fue como aquéllas recibieron a los hombres después del incendio de las naves, por miedo y por aplacar su ira». (pág. 131)

iii) Para demostrar que tenían muchos familiares. Simple explicación maliciosa y misógina basada en la supuesta vanidad femenina. (pág. 131)

iv) De mayor valor psicológico es la última explicación que ofrece: se trataría de una descarga afectiva de la prohibición de casarse entre con-sanguíneos, reduciéndose el contacto al beso. (pág. 132)

Tomado de la edición de Manuel Antonio Marcos Casquero en Plutarco, "Cuestiones Romanas", Madrid, Akal, 1992.


4 comentarios :

  1. A lo largo de la Historia ha habido y aún a riesgo de ser lapidada diré que seguirá habiendo derechos sobre las mujeres -claro, no tan sangrantes o tan llamativos y quizá en otros ámbitos- ahí está también por ejemplo el "ius primae noctis" (Derecho de Pernada) de aplicación en la Edad Media.

    Algo que hoy en día nos puede parecer tan aberrante como la existencia de este u otros derechos que tenía el marido sobre la mujer, obvio, en aquella época era algo habitual y creo que tampoco puede sorprender mucho en una civilización de hace miles de años donde existía el matrimonio cum manu, donde la mujer pasaba del yugo del padre a estar subyugada por el marido. Y ya no hablemos del "ius liberorum" Ley que aprobó el emperador Augusto, para fomentar la natalidad, con dicho derecho se les concedían honores a las mujeres que tuviesen más de 3 hijos, hasta aquí podríamos decir que bien, el problema no era este derecho en sí, sino la otra cara del mismo, aquellas mujeres estériles, viudas o que no hubiesen concebido, no tenían por ejemplo derecho a heredar propiedades. Esto me lleva a una frase de Plutarco que decía que la mente no es una vasija que llenar...pues parece ser que para El emperador Augusto y la mentalidad de la época sí lo era.

    No me llevo las manos a la cabeza por este derecho, cuando hoy en día hay religiones en las que existen costumbres y derechos sobre las mujeres, más aberrantes, se me ocurre por ejemplo la ablación. Y supongo y de hecho sé, que muchas de las mujeres que "padecen" dichas prohibiciones, exigencias y demás te dirán que lo hacen porque ellas quieren, porque así lo creen...en fin, no sé lo hubiese yo pensado si hubiese sido una romana de pro...

    Esto ya menos documentado y más "chascarrillo" ¿no hay hoy en día personas que se creen con el derecho de revisar móviles,correos electrónicos, de oler la ropa en busca de aroma no conocido...? Claro está que no es un derecho constituido como tal y que es por ambos lados, cierto es...pero la mentalidad sigue existiendo, eso poso ahí está.

    Y para terminar te recomendaría un libro «SPQR: una historia de la antigua Roma» de Mary Beard, que seguramente ya habrás leido o incluso citado por este blog, de ser así pues borras la sugerencia, jajaja

    Un beso

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  2. Efectivamente está en
    http://www.historia-del-arte-erotico.com/Plinio_el_viejo/libro14.htm#89
    pero un punto más abajo en 90, termina con una (mala traducción mía) "Tiempos en que fue muy barato en Roma el vino"
    que tendríamos que leer JOCOSAMENTE por lo contrario, como para llegar a esas cosas llamativas que describe de los anales, Plinio solo se lo explica con "Tendría que estar muy caro el vino" para tamañas jilipolleces. ¡Pues eso!.

    Kisss y Kissss

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  3. Menos historias y más ir al grano.
    ¿Aquí cuando se folla tras los preliminares? Tanto vino se sube a la cabeza. Dejando media imaginación y nula determinación.

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  4. Mi beso...
    Y trae un buen vino :-)Así nos pondremos a elucubrar sobre lo divino y lo humano. Así los besos sabrán bien y tendremos motivos para levitar y brindar.

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